Rompiendo el esquema del profit y el not profit : empresas con enfoque social

Las ciencias económicas y sociales intentan explicar realidades complejas de nuestro mundo y nos ayudan a contextualizar el marco de actuación de nuestras organizaciones y empresas. No podemos desde esta perspectiva científica especular con futuribles, pero sí obtener algunas guías para pronosticar cuáles serán las tendencias del futuro en base a ciertos indicadores por ejemplo de consumo o de necesidades del mercado. El estudio del emprendimiento social nos permite conocer este fenómeno complejo en el que el papel del emprendedor es fundamental para entender las motivaciones y valores que subyacen en las iniciativas de cambio.

En el ámbito empresarial a nivel global estamos percibiendo un cambio brusco de tendencia en la manera en la que las organizaciones dirigen sus estrategias de negocio. Por un lado la revolución que ha supuesto el uso de tecnologías de la información y comunicación ha potenciado un nuevo consumidor responsable que exige por parte de las empresas un comportamiento ético. Las empresas que pusieron en marcha políticas de responsabilidad social corporativa para limpiar su imagen o por imposición legal, están evolucionando hacia una política de RSC transversal a todos los departamentos e incluso integrada en su estrategia global . Por otro lado, entender una verdadera política de responsabilidad social integrada en la cultura corporativa refleja una apuesta por la búsqueda de responder a las necesidades de los clientes a la vez que se identifican riesgos de tipo medioambiental social y económico.

Las empresas sociales surgen precisamente para cubrir necesidades y solventar problemas generando modelos de negocio sostenibles e intensificando su capacidad de aportar soluciones eficaces. Este modo de entender a la empresa la explica M. Porter, profesor de la Universidad de Harvard, a través de la Teoría del Valor Compartido: en la medida en que una empresa es útil a la sociedad, a un grupo de consumidores, la propia sociedad responderá con un beneficio, un valor, a la propia empresa.

Lo que está sucediendo en los países Brics es muy ilustrativo. En zonas empobrecidas de India o Brasil se están instalando gran cantidad de empresas sociales. Los gobiernos apoyan estas iniciativas porque las organizaciones sin ánimo de lucro están viendo mermadas su capacidad de implicación en la medida en que los fondos de los países occidentales han descendido desde el comienzo de la crisis. Actúan en el campo de la salud, desarrollando tecnologías innovadoras que abaratan costos para la prevención y detección de enfermedades (la telemedicina, por ejemplo). Otras iniciativas pretenden democratizar el acceso a recursos económicos para romper la cadena de la pobreza en determinadas regiones, y en este sentido están surgiendo muchas iniciativas en torno a los microcréditos.

Estas empresas sociales tienen un enorme potencial para detectar necesidades y convertirlas a su vez en oportunidades de negocio que hagan crecer su impacto. Son enormemente subversivas, en el sentido de que sus innovaciones abren nuevas vías de comercialización, diseño, uso de tecnologías sociales que hacen que el resto de las empresas intenten imitarlas. En definitiva, se trata de buscar soluciones eficaces y sostenibles para los problemas tradicionales de los que sólo se han ocupado las organizaciones de tipo “not profit”. Habrá que estar pendientes de este tipo de modelos organizativos que ponen en valor las necesidades del ser humano y la dimensión ética de la empresa.

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