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El liderazgo social de las empresas

Ghandi decía que el liderazgo era llevarse bien con la gente. Algo muy simple pero que engloba una significancia transcendental. De Stepehn Covey hemos aprendido que el liderazgo es dar ejemplo con acciones y actitudes. Y entonces volvemos a la ambivalencia que rige gran parte de nuestra sociedad. El individuo y la organización. Dos dimensiones diferentes de las que nos habla Giddens pero que están íntimamente relacionadas. Las organizaciones están conformadas por personas y constituyen un todo, una identidad grupal y coherente. Pero no por ello se anula la identidad de cada uno de los individuos que la componen. Entonces cabe preguntarse quién cumple el rol de líder en la organización y si la propia organización puede ejercer algún tipo de liderazgo.

Vayamos por partes. Se ha escrito mucho sobre el líder como individuo, y los roles que se le otorgan varían dependiendo de la óptica del autor. Se ha hablado del líder como jefe, como persona carismática, como gran visionario o el líder movilizador de masas.

Robert Greenleaf en su obra “Servant Leadership” propone una forma de ejercer el liderazgo muy particular:El líder es aquel que sirve a los demás. Hablar de servicio es hablar de entrega, de tener en cuenta a tu entorno y sobre todo de ejercer una tarea a través de la autoridad moral que da el ejemplo y no a través del ejercicio del poder que generalmente viene impuesto y dado por instancias superiores.

Por ejemplo, en una organización donde reine el miedo al jefe o donde no se tenga en cuenta la diversidad de cada componente, el ambiente de trabajo será muy complicado. La retención del talento en esta circunstancia será muy compleja porque por norma general nos gusta trabajar en entornos agradables y donde se nos trate de forma respetuosa. Seguramente recordaremos algún ejemplo de pequeños, en el colegio. El profesor que imponía el estudio mediante el miedo al castigo o al suspenso tenía menos éxito que el profesor que motivaba, daba ánimos o hacía ver la importancia para nuestro futuro de tener una buena educación.

Pero la organización puede replicar este mismo modelo de liderazgo. Un liderazgo social que puede conllevar no sólo al cumplimiento de los objetivos empresariales, sino también a generar más valor para sus stakeholders. Ejercer el liderazgo social en la empresa significa una actitud ante tu negocio, una interpretación de la visión de la empresa siendo consciente de la importancia de dar para recibir. Michael Porter lo ha desglosado muy bien hablando de generar valor compartido.

En la medida en que una empresa tenga en cuenta a la sociedad y genere valor, la sociedad le va a responder recíprocamente. Y entendiendo a la sociedad en un contexto amplio de globalización, teniendo en cuenta, por ejemplo, el respeto al medio ambiente y a los grupos minoritarios y excluidos.

No basta sólo con hacer el mejor producto. Se puede ser líder en la venta de zapatillas deportivas por tener un diseño espectacular y una calidad del producto realmente buena. Sin embargo si esa marca de zapatillas no ejerce un liderazgo social, es decir, que tanto internamente como externamente no está teniendo en cuenta y cuidando su entorno, llegará un momento en que pierda la legitimidad del ciudadano, de los clientes. Y este concepto es fundamental para entender el liderazgo social de las empresas. Como entes sociales, las empresas deben estar legitimadas por la sociedad, de alguna manera es la que permite (hablando retóricamente) la actividad de la empresa.

Por supuesto que el liderazgo social exige mucho de autocrítica y de autoconocimiento, tanto para el individuo como para la organización. Pero a la larga saldremos ganando por todos los beneficios que conlleva. Y no creemos que deba verse sólo desde el punto de vista utilitarista, es decir, que lo hago porque me conviene o porque me va a dar beneficios en un futuro. Debe surgir de la convicción personal, de la directiva o del emprendedor por un lado, y por otro debe estar integrado en la cultura de la organización, implicando a todos los miembros de la misma.

La ciudadanía exige cada vez más un comportamiento ético por parte de todos. Tanto de los individuos como de las organizaciones. En nuestra opinión, a través de este comportamiento ético y coherente se obtiene la legitimidad de la sociedad que no es otra cosa que tener la confianza de aquellos a los que te debes, ya sean tus empleados o tus clientes. De ahí que en los últimos años las escuelas de negocios estén enfocándose en la formación del liderazgo social de los futuros directivos. Esperemos que este nuevo paradigma de liderazgo, de actitud empática y de servicio, nos traiga un futuro prometedor y lleno de esperanza.

Si queréis seguir hablando de liderazgo social podéis encontrarme en Twitter como @BraulioPareja

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