¿Somos capaces de medir el Impacto Social?

 

                “Lo que no se mide , no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre”

                    LORD KELVIN

 

El objetivo principal de todo emprendedor social es generar un cambio o una transformación social, y generalmente se apoya en una organización para conseguir esos fines. Pero… ¿qué es el impacto social? Es el efecto o el resultado de nuestra actividad (outcomes).

No basta simplemente con la buena intención. Es nuestra responsabilidad comunicar cómo estamos consiguiendo los objetivos y qué resultados se están obteniendo. Las empresas tradicionales siempre han tenido que medir el nivel de cumplimiento de sus objetivos empresariales. Por lo general la mejor forma de comprobar si se han cumplido los objetivos es conociendo la cuenta de resultados que contabiliza las pérdidas y ganancias (accontability). Para hablar de beneficios o resultados económicos de una empresa se utiliza la expresión inglesa “bottom line”.

A partir de mediados del siglo XX, con el avance de la gestión en el ámbito de la responsabilidad social corporativa, se amplió este término para poder medir realmente el conjunto de los impactos de una empresa, sea social o no. La sociedad estaba exigiendo el cumplimiento de unos estándares de responsabilidad a todo tipo de organizaciones, y no es que las empresas no lo estuvieran cumpliendo, es que no se conocía porque no se medía. Desde entonces se amplió el concepto de medición o reporte de los resultados de la empresa. Se empezó a hablar de “triple cuenta de resultados” (triple bottom line). Se trataba de medir no solamente los resultados económicos, sino también el impacto de su actividad en el mediambiente y en la sociedad.

Para un emprendedor social, la gestión económica es fundamental porque denota seriedad y genera confianza y, en consecuencia, asegura la actividad de la organización. Sin embargo debe poner mucho énfasis en la medición del impacto social, es decir cómo está resolviendo el problema al que se enfrenta. Pero lo difícil viene cuando queremos medir cosas tales como el nivel de bienestar de una comunidad, la mejora de la educación en una población determinada, o cosas más difíciles aún como el grado de felicidad de una sociedad.

Estas variables difíciles de medirse conocen como “intangibles”, aquello que no se puede tocar o medir cuantitativamente, es decir con números. Este es el gran reto de los emprendedores sociales, poder medir con la misma exactitud el nivel de resultados económicos y el nivel de cumplimiento de los objetivos sociales. Hoy en día contamos con varias metodologías y métricas para la medición del impacto y evaluación de los resultados sociales. Una de ellas es el Global Reporting Iniciative (GRI), promovido por el programa de sostenibilidad de Naciones Unidas. Otra de las más conocidas es el Social Return on Investment (SROI) o retorno social de la inversión. Este método consigue ponderar el valor social generado en relación a la inversión económica. Está indicado para aportar información a los inversores o promotores de una empresa social que invierten su dinero en un proyecto no sólo por el retorno económico, sino sobre todo por el retorno social.

En nuestro próximo taller para Emprendedores Sociales que impartimos en Madrid el próximo 18 y 19 de septiembre, hablaremos largo y tendido sobre esta y otras métricas. Aprenderemos de forma práctica a medir el impacto social de nuestra organización, los pasos a seguir, aportaremos las plantillas necesarias y nos llevaremos herramientas muy útiles que aumentarán la confianza y credibilidad de nuestra idea o proyecto social. Más información sobre el taller AQUÍ.

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