Científicos que se convierten en emprendedores sociales

DBS-Screening-1024x576La historia de Jordi Marti es la de un científico que se plantea una pregunta: ¿Cómo puedo desde la ciencia prevenir el contagio de VIH y sífilis en los países en vías de desarrollo? Una historia fascinante que empieza cuando Jordi viaja a Brasil y se da cuenta que la mayoría de embarazadas con estas enfermedades tienen el riesgo de contagiar a sus hijos y nada pueden hacer por evitarlo. La prevención es fundamental en estos casos pero en las comunidades de la Amazonía es muy difícil acudir a un centro de salud y detectar este tipo de enfermedades. Y es aquí donde la mente del científico empieza a maquinar. Los centros de salud están en ciudades a muchas horas, incluso días, de estas comunidades, y el análisis clínico es muy difícil porque la sangre necesita estar en unas condiciones de temperatura muy específicas. Para resolver este problema, Jordi ha patentado un sistema de recogida de muestras de sangre en papel que gracias a una sustancia química puede conservar la sangre en perfecto estado durante el tiempos suficiente sin necesidad de refrigeración para que sea posible el análisis clínico. Lo que ha conseguido el desarrollo de esta innovación científica es la posibilidad de detectar precozmente enfermedades contagiosas en las embarazadas y evitar así la muerte de millones de niños por contagio. Este científico ha patentado su idea a través de la cual puede recibir los fondos suficientes para implementarla y seguir investigando; además ha sido nombrado fellow de Ashoka, y ha recibido numerosos premios.

 

Es uno de los ejemplos claros de cómo una persona con grandes cualidades para la ciencia puede detectar oportunidades allá donde otros sólo ven problemas. Para que se de este paso, del científico al emprendedor social es necesario fundamentalmente dos cosas: en primer lugar una fuerte visión social, es decir, una vocación por solucionar los problemas sociales más graves de nuestro mundo. Y en segundo lugar, una gran visión para hacer sostenible un proyecto, para detectar oportunidades de negocio que hagan viable la solución del problema.

ALBINOOtro alucinante ejemplo lo encontramos en KILISUN “Ponte en su piel”. Esta empresa social ha desarrollado el primer fotoprotector para la prevención del cáncer en personas con albinismo (PCA) sobre todo dirigido a países de África como Tanzania. Se trata de un colectivo muy vulnerable con un índice de cáncer de piel muy elevado y por cuya causa su esperanza de vida no suele superar los 30 años. En 2016 se aplicó en más de 2500 niños de Tanzania y en el futuro se abrirá a los vecinos de Uganda, Kenia y Malawi. Además, esta empresa social desarrolla programas educativos en colegios para crear la cultura del cuidado y la prevención de los problemas de la piel en estas zonas. Kilisun ha recibido varias condecoraciones y premios, destacando los del Congreso Mundial de Cáncer de Piel (Edimburgo 2014) y la Conferencia Internacional de Fotoprotección (Londres 2015).

En este ejemplo hay dos temas muy importantes a destacar. En primer lugar vemos cómo hay un colectivo donde se pone el foco, las personas con albinismo en África. Es un colectivo no atendido, con grandes problemas derivados de su fisonomía y al ser un número tan reducido de personas, no es muy rentable desarrollar productos para ellos, máxime en África; además, la cultura popular de ciertas tribus y la chamanería perjudica a estas personas. Por tanto aquí hay una gran sensibilidad y una mirada puesta en estas personas… En segundo lugar, si conocemos a fondo el proyecto vemos cómo es un proyecto en equipo, en red. Los científicos han buscado partners que le ayuden a desarrollar este sistema de prevención. En primer lugar una industria química como BASF que tienen los medios para desarrollar la innovación científica; en segundo lugar el apoyo y el conocimiento del colectivo por parte de las organizaciones no gubernamentales como UNICEF y África Directo. Éste sí que es un proyecto que merece la pena contar y conocer.

Con estos ejemplos hemos podido comprobar cómo la ciencia abre un mundo de posibilidades para el emprendimiento social. Un científico puede transformar la vida de miles de personas y tener un impacto brutal en colectivos no atendidos salvando millones de vidas. La dificultad quizás está en combinar ciertas habilidades más allá de la técnica, o dicho de otro modo, poner todo tu talento al servicio de una causa que merezca la pena y trabajar en red para conseguirlo.

 

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